RSS
Vídeo

REMEMORACIÓN DEL SUFRIMIENTO DE LAS VICTIMAS AFROCOLOMBIANAS

10001339_10202712243999223_2020519720_n1480679_10202712244639239_334718205_n

Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa. En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños (Lucas 1, 1-8).

Aunque el motivo de desplazamiento de la familia de Jesús fue por el censo provocado por la potencia mundial que gobernaba Palestina, Roma, es posible hacer una comparación con la realidad de desplazamiento de las familias afrocolombianas víctimas de la violencia, que han tenido sepultar a sus familiares y salir de su territorio. A consecuencia del conflicto interno que, por más de cincuenta años vive las comunidades afro en contexto marginales del país.

Ya que en la mayoría de los casos, las víctimas son las familias afrocolombianas. Cuando reconstruimos la escena del nacimiento de Jesús, la primera imagen que nos viene es la de María y José preguntando por un lugar para dormir, una y otra vez, en diferentes posadas, sin éxito. Sin embargo, “la familia extensa judía tenía la obligación de acoger y ser hospitalarios con su propia familia. Las casas que no pertenecían a familias de clase alta, en Palestina del siglo I, tenían un único espacio compartido por personas y animales. La habitación quedaba en la parte alta y en la parte baja estaban los animales y los comederos. A veces había una habitación de invitados y probablemente esta ya estaba ocupada por otros parientes, por esto el único espacio que tenía la casa era la parte baja”[1]. Por lo cual, nuestro interés es reconstruir la historia del sufrimiento humano desde abajo; es decir, desde los que no cuentan para una parte de la jerarquía en la Iglesia y el Estado colombiano: las comunidades afro; sector olvidado del país.

¿Pero será que esa idea de familia extensa rige también las leyes colombianas? ¿Cómo son acogidas las víctimas  en las grandes urbes? Aunque la idea de familia extensa sea parte de la idiosincrasia africana, cuando analizamos la situación de los y las víctimas, nos encontramos con muchos de ellos viviendo en las calles de las grandes ciudades, pues no hay para ellos ni siquiera un establo para albergarse. La situación de guerra que azota nuestro país, Colombia, ha generado una situación de desplazamiento de sus lugares de origen de un contingente de personas de origen afro-colombiano.

Por lo cual, “el discurso cristiano sobre Dios y su Cristo no se basa en una metafísica de la salvación ajena  a la situación concreta y sin memoria; al contrario, se caracteriza por una reflexión histórica, y sólo puede construirse en respuesta desde la coherencia crítica, a la situación de necesidad de cada momento”[2]. El desplazamiento es  uno de los hechos más graves que vulnera los derechos de las familias afrocolombianas. Pues, las niñas y niños, al ser testigos oculares y desplazadas junto con sus familias, también sufren los efectos nocivos de esta situación que se concreta en bajos niveles de escolaridad, generado por la baja capacidad económica de sus padres o por falta de cupos escolares cuando llegan a las ciudades.

 Debido a la ruptura en las estructuras familiares, las niñas se encuentran en riesgo de violencia y explotación sexual; es común encontrar a niñas desplazadas de 12 y 13 años embarazadas. Para las niñas desplazadas la lucha por la comida, la salud, el alojamiento y la seguridad las obliga a tener relaciones sexuales y un matrimonio precoz. Las niñas comercian sexo por ropa, dinero o cupos escolares. En la  actualización del texto lucano, proclamamos el nacimiento mesiánico de nuestros niños negros que en las mismas condiciones de desplazamiento nacen constantemente en media de la pesebrera del conflicto interno que vive Colombia. Madres que dan a luz a sus hijos en las periferias, en el lugar de la no gente; en ese espacio viven muchas de las mujeres afrocolombianas víctimas de una guerra, que ya lleva más de 50 años en Colombia.

La esperanza de las victimas afrocolombianas sigue siendo la voz profética y solidaria de la Iglesia, siempre y cuando, se comprometa con la liberación y la rememoración de los vencidos; en cuanto que, El rey esperado traerá la esperanza de salvación al pueblo, lo librará de las injusticias. En el tiempo de Jesús, lo esperaban como un libertador político, o como aquel que restablecería la ley (fariseos), un caudillo revolucionario (zelotes), o alguien que se ocuparía de la liberación política y que llevaría a cabo la purificación religiosa (esenios). Nadie esperaba a un mesías humilde y mucho menos a uno que personificara la presencia de Dios en la historia desde los vencidos. Los reyes son ungidos materialmente pero Cristo es el ungido espiritual.

Hablar de esperanza eclesial significa hablar de una capacidad de ser uno para los otros y otras salvaciones. Cristo fue una persona capaz de ser para los otros y en su práctica invita a hombres y mujeres a desarrollar esa dimensión: ser “sal y luz”, jesusmente en el contexto colombiano. La palabra esperanza, por su profundidad teológica, invita a hombres y mujeres a consolar, secar lágrimas, anunciar la justicia, salvar la vida; en el acompañamiento a las víctimas.  Es pues una vocación, a la que es  llamada la Iglesia colombiana. “¿Qué sucedería si alguna vez los hombres pudieran defenderse con el arma del olvido de la infelicidad presente en el mundo, si pudiera construir su felicidad sobre el olvido inmisericorde de las víctimas, sobre una cultura de la amnesia en la que sólo el tiempo se encarga de curar las heridas?”[3] Por lo cual, la Iglesia debe ser “comunidad de recuerdo y narración a imitación de Jesús, cuya primera mirada era para el sufrimiento ajeno, es decir, la Iglesia como Iglesia de la compasión; de la rememoración del sufrimiento humano.

Realizado por: Alvaro Amaya

y Didier Obeymar

 

[1] Revista, Ribla: Lectura de Lucas 1-2 desde una perspectiva afro-feminista. Maricel Mena López.

[2] Metz, Johann Baptist. “Dios. Contra el mito de la eternidad del tiempo” en: La provocación sobre el discurso sobre Dios. Madrid: editorial Trotta; 2001. P. 37.

[3] Ibíd. 43.

 

LA RELIGIÓN CRISTIANA NO ES UN OPIO PARA LA HUMANIDAD

10152533_708581525831238_1699081266_n 

Introducción

La Iglesia católica como sociedad humana y divina fue establecida por Jesucristo para realizar a través de ella, la obra de salvación de los hombres hasta la consumación de los tiempos, tiene como primera función de esta hora salvífica la de enseñar “id por todo el mundo y proclamad la buena nueva id y hace discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo[1]. Por tanto, la Iglesia católica es un proyecto inteligente que busca dar respuesta a la necesidad humana y espiritual del ser humano. “además, ayuda a la verdadera felicidad del hombre”[2]. El manifiesto comunista aunque tiene un propósito justo en el sentido de que todos los hombres son iguales, olvida  que el hombre tiene una dimensión espiritual; pensando que es una maquina o una herramienta de trabajo cuyo objetivo para él es sólo el producir. No podemos olvidar que la persona humana es un ser integral, una totalidad, que está en un constante hacerse.

Desarrollo

Marx se equivocó al leer la realidad con unas gafas mal graduadas, que le produjeron el miope efecto de tomar la parte por el todo. La religión no es el opio del pueblo, aunque más de una vez haya sido utilizada o malvivida como tal. Muy al contrario, no existe fuerza mayor para comprometer la vida de las personas con el bien de sus semejantes que la sana religión, la fe en un Dios que da sentido, dirección, dignidad y responsabilidad eterna a la existencia. Mandando a pastar a Nietzsche, que se atrevió a decir que eso de amar al prójimo es la crueldad más terrible jamás pronunciada, no cabe duda de que el amor incondicional proclamado y posibilitado por Jesucristo, pese a las deficiencias de los que intentamos vivirlo, ha generado los mejores logros humanos de nuestra civilización.

No entendemos cómo el marxismo calificó la religión como “opio del pueblo”, alegando que la  promesa de un “más allá” con premio incluido para los sumisos conduce a la gente a desentenderse del “más acá” y a someterse sin protestar al alienante dominio de las “clases opresoras”. Es extraño que el filósofo alemán Karl Marx, que nació en una familia numerosa judía, descendiente de una larga saga de rabinos, mostrase tanta incultura religiosa. Sin embargo, la religión, el más potente elemento cultural conocido por la Humanidad, fue una de las primeras realidades en sufrir la crítica marxista. A través del cristal monocromo de la “lucha de clases”, fue calificada como otro instrumento de alienación de los proletarios en manos de los poderosos.

Por lo cual, con Edward Schillbeeckx  afirmamos que la religión no es opio del pueblo, porque las “Religiones e Iglesias son la anánesis, o sea el recuerdo vivo entre nosotros de esta universal “silenciosa” pero efectiva voluntad salvífica y presencia salvadora absoluta de Dios en nuestra historia mundana.

 Las religiones (sinagogas y pagodas, mezquitas e iglesias) impide, gracias a su palabra religiosa, su sacramento o ritual y su praxis de vida, que la presencia universal salvífica caiga en el olvido”[3]. Ellas acompañan al hombre en su proceso de maduración y humanización.

En cuanto  a la Iglesia católica, ella,  “cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro. Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. El Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas de nuestra época”[4]. La Iglesia a la luz de la Revelación responde a los interrogantes del hombre de hoy no para “alienarlo” sino para ayudarle a encontrar sentido a su existencia y su compromiso de humanización y liberación en el mundo.

Para terminar hay que notar que “El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Pues, la Iglesia sabe que “Es la persona del hombre la que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar. Es, por consiguiente, el hombre; pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad”[5] a quien hay que acompañar en su proceso de liberación y humanización a la luz del evangelio y de la experiencia humana.

Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr más justicia, mayor fraternidad y un más humano planteamiento en los problemas sociales, vale más que los progresos técnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dijéramos, el material para la promoción humana, pero por sí solos no pueden llevarla a cabo”[6]. En efecto, el hecho de que la transformación a que asiste nuestro continente alcance con su impacto la totalidad del hombre se presenta como un signo y una exigencia.

No podemos los cristianos, dejar de presentir la presencia de Dios, que quiere salvar al hombre entero. Dios ha resucitado a Cristo y, por consiguiente, a todos los que creen en él. Cristo, activamente presente en nuestra historia, anticipa su gesto escatológico no sólo en el anhelo impaciente del hombre por su total redención, sino también en aquellas conquistas que, como signos pronosticadores, va logrando el hombre a través de una actividad realizada en el amor[7]. Valor trascendental sin el cual es difícil concebir al hombre de hoy vale por lo que es no por lo que produce.

Por tanto, “la Iglesia posee, gracias al Evangelio, la verdad sobre el hombre. Esta se encuentra en una antropología que la Iglesia no cesa de profundizar y de comunicar. La afirmación primordial de esta antropología es la del hombre como imagen de Dios, irreductible a una simple parcela de la naturaleza, o a un “elemento anónimo de la ciudad humana”. En este sentido, escribía San Ireneo: “La gloria del hombre es Dios, pero el receptáculo de toda acción de Dios, de su sabiduría, de su poder, es el hombre”[8].  “Todo lo que el hombre hace para conseguir una mayor justicia, una mayor fraternidad, un orden más humano en sus relaciones sociales vale más que el progreso técnico. Porque los progreso pueden ciertamente dar materiales para la promoción humana, pero no son capaces de hacer por sí solos que la esa promoción humana se convierta en realidad”[9]. Por lo cual, los valores del Reino hacen que la humanidad  avance en su proceso de humanización que implica el pasado,  presente para intuir el futuro del hombre que conoce  ama y trasciende la vida, la sociedad y su religión.

Realizado por:

 Álvaro Amaya

Didier Obeymar Montenegro.

 

.


[1] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral, GAUDIUM ET SPES,  Sobre la iglesia en el mundo actual. N 07.

[2] Ibíd. N 37.

[3] Schillbeeckx, Edward. “Fuera del Mundo no hay Salvación” en: “Los hombres relatos de Dios”. Salamanca: ediciones Sígueme; 1990. 29 –41.

[4] Constitución pastoral, Gaudium et Spes, sobre la iglesia en el mundo N 10

[5] Constitución pastoral, Gaudium et Spes, sobre la iglesia en el mundo actual N 03.

[6] ibíd. n 35

[7] Documentos  de Medellín,  II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano 1968, N 05.

[8] Documento de Puebla, III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. 1979.  N 19.

[9] . Constitución pastoral, Gaudium et Spes, sobre la iglesia en el mundo actual. N 35.

 
 
Vídeo

Denuncian amenazas contra afroamericanos en Colombia

 
1 comentario

Publicado por en 17 marzo, 2014 en Denuncias

 
Vídeo

Hermeneutica Bíblica Feminista Negra

 
Vídeo

Todos Somos Historia – Programa “Negritudes”

El documental nos remite a la historia y nos hace caer en la cuenta de la realidad inhumana que vivieron las comunidades afroamericanas de Colombia; en el momento de la invasión de los españoles. es una denuncia de la violación los derechos humanos desde los inicios de nuestra Colombia en Cartagena.

 
Deja un comentario

Publicado por en 17 marzo, 2014 en Videos

 

“FUERA DEL MUNDO NO HAY SALVACIÓN”. LA CULTURA AFROAMERICANA.

Imagen

Uno podría preguntarse si, ¿cuando Dios creo el mundo, puso preferencia por las razas? Es claro en el acontecer histórico del hombre que éste no es muy amante del color negro al parecer  por todo lo que significa en sí mismo; enigma, maldad, brujería, etc.  Y  creemos que en base a estos paradigmas y conceptos, el hombre blanco especialmente, se aferro a rechazar a este color. Es decir, que aparecen realidades de racismo, porque ignoramos la riqueza de la  cultura afroamericana.

Es estúpido, viéndolo racionalmente que el hombre se rechace por una simple sutileza de color. “Fuera del Mundo no hay Salvación”, está frase marca mucho al pueblo negro porque a lo largo de la historia humana ha tenido que aguantar todo tipo de ultraje, discriminación, humillaciones, esclavismo, muerte, etc. Es decir es bastante lo que ha sufrido esta raza y si la filosofía cristina ingenuamente creyó que  el sufrimiento santifica, estos seres humanos de sobra han hecho el ejercicio.

Hoy en día sin embargo la situación no ha cambiado mucho, si vemos una ciudad como Bogotá, casi no hay población negra, y la mayoría de los que uno ve son recicladores de basura o habitantes de la calle. Es muy raro ver un negro acomodado y con buenas condiciones de vida. Uno va a la costa y los que están bien y gozan de todo son los blancos, es raro ver un negro que se destaque. Es tal la discriminación que la ley colombiana reconoce la participación de las negritudes en el congreso, pues de lo contrario seguramente nadie de esta raza sería elegido.

En el planeta tierra la situación no cambia mucho, baste sólo ver el continente africano en donde mueren miles a diario por falta de comida. Hay países que han sido arrasados por Europa y Estados Unidos por la fiebre de los diamantes y el petróleo. Las pruebas biológicas las practican inicialmente con la población de este continente con el sacrificio de miles de vidas.

Llevamos casi veinte siglos de discriminación contra los negros siendo Roma el imperio que empezó con esta atrocidad humana. Al negro siempre se la ha visto como la fuerza bruta humana, a tal punto que en la jerga popular algunos dicen: “trabajando como negro”; al parecer, su corpulencia sobre las demás razas se destaca y por eso se convirtió durante muchos siglos en la fuerza de trabajo apreciada para el esclavismo.

En Colombia y especialmente en el Valle del Cauca los grandes centros de esclavismo negro eran las plantaciones de caña de azúcar y los ingenios. Estos establecimientos pertenecían a las familias más adineradas de esta región y de gran raza. La mano de obra negra se convertía en un gran atractivo porque además de ser esclavos se adaptaban fácilmente a las condiciones climáticas de la región, además ya entrado el siglo XVII ya era prohibido el esclavizar al indio.

Hoy en día si uno por ejemplo va al Valle del Cauca y uno quiere observar de cerca la miseria e indigencia baste con ir sólo a Buena Ventura, no hay sitio más abandonado,  del país. Si uno quiere ver tugurios verdaderos solo hay que asomarse al malecón de esta ciudad y ver miles de casuchas enclavadas en el mar. No sabemos si es por el sometimiento al que ha estado sometido y por eso hoy en día es una raza falta de aspiraciones. Si es cierto, en el subconsciente humano queda parte de la historia de los pueblos, quedan traumas y resentimientos queda toda una historia de la que no se puede ser ignorante y que para bien o para mal influye en el destino.

La categoría teológica “Fuera del Mundo no hay salvación”, nos indica que en todo caso es el hombre quién teje su futuro, el tiene la potestad de elegir entre el bien y el mal, es decir el libre albedrio. No es Dios quien nos condena somos nosotros mismos los protagonistas de la historia; de la vida afroamericana que necesita ser reconocida, respetada su cultura y contribuir en el proceso de liberación y humanización.

El filósofo, Hobbies dice: “el hombre es lobo del mismo hombre”. Al parecer su pensamiento se aplica porque, existen egoístas ávidos del poder y la riqueza, cueste lo que cueste. Los valores que debería ser el ente regidor de la conducta humana están en cuidados intensivos, es decir, estamos en una sociedad capitalista, que no le interesa la justicia, la equidad y el interés por los derechos humanos.

A lo cual,  la obra: “El Sol Negro”, novela hace una denuncia al relatar las grandes penurias que tuvieron los negros en Haití bajo el dominio Francés. En uno de los apartes de la novela se describe y narra cómo los europeos jugaban bolos, enterraban diez negros hasta la cabeza en la tierra, y el juego consistía en el que más cabezas reventara con una bola de hierro. Situación que aun en el siglo XXI se da en otras categorías pero col la misma situación de deshumanización.

Es cierto, uno va a ser juzgado por todo lo hecho en este planeta durante el tiempo de su vida. Dios evaluará lo bueno y lo malo y determinará si uno es presto para ser salvo o condenado. Es acá en este tiempo y lugar donde uno determina sus acciones y decide lo que quiere hacer, en el aquí y él ahora es  donde uno determina si  quiere estar lejos o cerca al prójimo, es en este mundo donde uno debe interiorizar el amor a la vida humana y el Evangelio.

Somos arrogantes y soberbios, nada humildes y parece que tuviéramos tortícolis porque nos duele mirar al lado. Realmente son pocos los que han aprendido del ejemplo de Jesucristo, él sí nos enseño como alcanzar la salvación en este mundo. Nos referimos a que a,  la famosa parábola de que de diez leprosos curados; sólo regreso uno, aquel que realmente quería cambiar, que anhelaba salvarse de las estructuras injustas de este mundo”.

En un mundo con un poco más de siete mil millones de habitantes, dominado por un sistema capitalista y neoliberal, con unos medios de comunicación supe agresivos, con herramientas sofisticadas como el internet y el celular los TIC; es hay que estar atentos y ser inteligentes para  no contaminarse de lo que quiere el sistema. Nos bombardean todo el día; violan los derechos humanos; nos endeudan; Nos esclavizan, etc.

Martin Heidegger sostiene: “el hombre es un ser arrojado al mundo”. En donde  situaciones absurdas como: negar la cultura, la tierra, la dignidad y hasta el derecho  a la vida. Es necesario que el hombre se comprometa con el mundo; con la historia en la que le ha tocado vivir para contribuir el en proceso de liberación y humanización de las comunidades afroamericanas. Pues, estamos en el mundo para ser felices y hacer felices a los demás contrayendo aquí el Reino de Dios desde los valores del Evangelio y el compromiso con la vida humana desde sus experiencias concretas.

Consideramos que la esperanza de las comunidades afroamericanas en Colombia gran parte está en las manos de la Iglesia al sostener que: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. Y continúa… La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 01)[1]. Que los obispos en Colombia hagan propias estas palabras para que no se queden en los documentos, sino que se lleven a la praxis. De ella de pende la salvación integral de los creyentes afro en Colombia.

Es más, el Documento de aparecida afirma: “La dignidad de reconocernos como una familia de latinoamericanos y caribeños implica una experiencia singular de proximidad, fraternidad y solidaridad. No somos un mero continente, apenas un hecho geográfico con un mosaico ininteligible de contenidos. Tampoco somos una suma de pueblos y de etnias que se yuxtaponen. Una y plural, América Latina es la casa común, la gran patria de hermanos de unos pueblos –como afirmó S.S. Juan Pablo II en Santo Domingo a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han unido definitivamente en el camino de la historia” (DA 525)[2]. Que esta riqueza teológica cristiana que fue el sentir de los obispos en Aparecida Brasil en el 2007, se haga realidad al menos en Colombia donde muchas regiones como Chocho Y el Cauca los obispos pareciera no tener los pies en la tierra pues, no son voz que denuncia los atropellos contra los derechos humanos de estas regiones que ocupan los últimos lugares en hasta en el derecho al trabajo por su alto índice de desempleo.

Álvaro Amaya

Didier Montenegro


[1] Constitución pastoral GAUDIUM ET SPES sobre la iglesia en el mundo actual, N 01.

[2] Documento de Aparecida  V Conferencia General del CELAM 2007.N 525.